Los que deberían descansar en paz yacen entre escombros y toneladas de basura

Por:María Jaramillo Alanís
Durante casi tres años los habitantes de Ciudad Victoria se han quejado de que sus calles están convertidas en potreros, pero en el Panteón Municipal del Cero Morelos los muertos yacen entre cientos de kilos de basura, la hierba crece entre las criptas, los árboles caídos han despedazado tumbas, tanto que algunas quedaron a la intemperie y más que camposanto parece una selva donde la mano del hombre sembró cruces.
En el Panteón nadie se queja, todo es silencio. Gritan, eso sí, las montañas de basura; plásticos, cemento hecho piedra, grava y arena tirada sobre el pasillo central que obstaculiza el paso de las familias que acuden a visitar a sus difuntos.
Las tomas de agua potable se derraman sin que nadie les coloque un empaque a las llaves. Los depósitos para el agua están rotos, despintados y llenos de lama.
El edificio del Panteón Municipal es considerado como patrimonio histórico y artístico, pues está inventariado como tal con la ficha No. 135, clave 28 041 001, y en la entrada principal aún se puede leer, quizá, la fecha de su construcción: 1 de 1896.
Los orígenes de la ciudad están a punto de desaparecer, pues una de las capillas principales, donde yacen familiares de los colonizadores, originarios de Asturias, España, está colapsada, sus paredes de sillar están revestidas, pero carcomidas por el abandono.
La historia sobre el Panteón Municipal de Victoria ubicado en el Cero Morelos se registra en una inscripción:
“Se tienen noticias de su delimitación a mediados del siglo XIX, así como de la construcción de su extensa barda de sillar, que hace algunos años fue recubierta con aplanado de cemento. Sobre sus dos accesos se levantan arcos tipo frontón, construidos, de acuerdo a una inscripción, a fines de dicha centuria. En el interior del panteón se localizan varias tumbas relevantes de la arquitectura funeraria del siglo XIX”.
El apartado de “Servicios Públicos” del Municipio de Victoria presume:
“El establecimiento de organismos descentralizados y el propio esfuerzo de las autoridades en los diversos niveles se conjugan para ofrecer a los habitantes del municipio un servicio aceptable y funcional en los siguientes aspectos: rastro, energía eléctrica, alumbrado público, agua, centros de abasto, panteones, etcétera, proporcionando, asimismo, seguridad pública, limpieza, tránsito, bomberos, parques y jardines”.
El Reglamento de Panteones publicado en el Periódico Oficial del Estado No. 17 de fecha 1o. de Marzo de 1995, en el Capitulo 1 de Disposiciones Generales, dice:
ARTÍCULO 1º.- El establecimiento, funcionamiento, conservación y operación de cementerios en el Municipio de Victoria constituyen un servicio público que comprende la inhumación, exhumación, reinhumación, cremación de cadáveres, traslado de cadáveres, restos humanos áridos o cremados.
ARTÍCULO 2º.- El Ayuntamiento designará a un encargado de panteones, el cual coordinará los trabajos inherentes a este servicio y cuyas funciones quedan especificadas en el presente Reglamento, dependiendo de la Dirección de Asentamientos Humanos, Obras y Servicios Públicos Municipales.
Luego, en lo que parece una involuntaria tomadura de pelo, el ARTÍCULO 6º señala:
“Todos los cementerios deberán contar con áreas verdes y zonas destinadas a la reforestación. Las especies de árboles que se planten serán aquellas cuya raíz no se extienda horizontalmente por el subsuelo”.
Y en el ARTÍCULO 7º:
“El mantenimiento y conservación de los cementerios la realizará el R. Ayuntamiento, procurando siempre prestar un mejor servicio”.
Y hasta aquí, con lo que obligatoriamente debería ser la praxis de la administración municipal.
La tumba del historiador, geógrafo, literato y diputado, Adalberto J. Argüelles, sigue ahí mirando al sol a ver quién se digna a echarle una manita de gato. Y lo mismo ocurre con la cripta del General Kerlegand. La placa que da cuenta del fusilamiento del general y profesor Alberto Carrera Torres en 1917 está enmohecida, quizá como un vestigio de vergüenza, pues fue ajusticiado aun y cuando Luis Caballero tenía en su poder el indulto con el que los ricos de entonces le perdonaban la vida, hecho que no ocurrió.
Sin embargo, la encuestadora Mitofsky no contempló nada de lo aquí señalado para calificar a Arturo Díez Gutiérrez Navarro como “El mejor alcalde del país, “orgullosamente de Ciudad Victoria”, capital de Tamaulipas.
Sí, es verdad, por Ciudad Victoria pasó un devastador huracán y se apellida Díez Gutiérrez Navarro.
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